Inseminación artificial y fecundación in vitro, ¿cuales son las diferencias?

Inseminación artificial y fecundación in vitro, ¿cuales son las diferencias?

Seguro que, si por algún motivo personal o de salud, has decidido acudir a una clínica de reproducción asistida, ya tendrás más que claro las diferencias entre ambas técnicas de reproducción; pero, si empiezas ahora a buscar información antes de acudir a una clínica, vamos a tratar de explicaros (a grandes rasgos y de forma ‘coloquial’) las diferencias entre una inseminación artificial, cuya abreviatura es IA, y una fecundación in vitro, denominada como FIV.

¿Qué es una inseminación artificial?

Llevar a cabo una inseminación artificial vendría a ser lo más parecido a concebir de manera natural solo que con la ayuda, en primer lugar, de una serie de medicamentos y posteriormente una inseminación programada, la cual puede ser a través de coito programado (menos habitual) o de una inseminación artificial como tal (de ahí su nombre).

La IA es muy habitual en casos donde las mujeres no consiguen ovular de manera natural (muy habitual en mujeres con ovarios poliquísticos, síndrome denominado como SOP), en parejas jóvenes (no se recomienda en mujeres cercanas a los 40 años) y/o en casos donde la calidad del semen de su pareja presentan defectos leves de movilidad o concentración. Por ello, y a través de medicación inyectable, se estimulan los ovarios de la mujer tras el primer día de ciclo hasta conseguir que 2 o 3 de sus óvulos alcancen el tamaño idóneo para ser fecundado (entre 16 y 18 mm). Para ello, en la gran mayoría de casos se utilizan 2 fármacos inyectables, Puregon o Menopur, y finalmente Ovitrelle, el cual se encarga de ‘abrir’ los óvulos para ayudar a su fecundación.

Llegado este momento, el hombre entrega una muestra de semen al laboratorio de la clínica, quienes se encargan de analizarlo y seleccionar una muestra suficiente para llevar a cabo la fecundación y con la calidad suficiente en cantidad de espermatozoides (concentración) y con la mayor movilidad. Con los óvulos en su medida esperada, y una selección correcta del semen, se programa la inseminación en un día y hora determinada, la cual se realiza a través de una cánula que permite insertar el semen directamente en el interior del útero o, en algunos casos, programar un coito para llevarlo a cabo de manera natural.

En resumen, una inseminación artificial trata de alcanzar el nivel óptimo de una mujer para ser fecundada a través de fármacos y, a través de una selección en laboratorio, de transferirle un semen de calidad en el momento exacto.

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¿Qué es una fecundación in vitro?

Si bien una FIV parte inicialmente de hacer ovular a la mujer a través de fármacos al igual que ocurre en la IA, el proceso posterior es totalmente contrario a este, ya que todo el proceso se lleva a cabo en un laboratorio y no en el interior del útero. De hecho, y a diferencia de la inseminación artificial donde se controla el número máximo de óvulos, en la FIV se persigue de obtener el mayor número posible de óvulos de la mujer para su posterior extracción, fecundación y congelación.

Este proceso, mucho más costoso económicamente (hablamos de una diferencia 6-7 veces superior a una inseminación), está destinado a personas que no hayan obtenido resultados positivos en tratamientos de IA, mujeres de edad avanzada, casos de factor masculino severos o donde la mujer disponga de un número muy limitado de óvulos o lesiones en las trompas. Por todo ello, el proceso de fecundación se lleva a cabo de manera ‘manual’ en un laboratorio, donde los óvulos son fecundados directamente con únicamente un espermatozoide del semen del hombre (previamente seleccionado) y, posteriormente, introducidos en la mujer ya fecundados, lo que permite obtener resultados positivos con un mayor porcentaje de éxito respecto a cualquier otra técnica de fecundación.

Las ventajas de la fecundación in vitro, a parte de su tasa de éxito más elevada, son la posibilidad de llevarse a cabo con óvulos y semen propios o, en casos donde estos no sean aptos, con semen o/y óvulos de donantes, algo que en el caso de la IA tan solo sería posible con semen de donantes.

Proceso fecundacion in vitro en laboratorio
Proceso FIV – © wisconsinfertility.com

Porcentaje de éxito de la IA y la FIV

Obviamente, una fecundación in vitro ofrece una tasa de éxito muy superior a una inseminación artificial por el hecho de que la fecundación se lleva a cabo con garantías, algo que no se garantiza en un tratamiento de IA. En cambio, tanto el factor de la edad como el factor económico son muy importantes a la hora de elegir entre un tratamiento u otro, ya que de nada valdría apostar por varios intentos en una IA en una mujer de edad ‘avanzada’, ni quizás realizar una gran inversión en una FIV si se trata de una pareja joven y sin problemas adicionales a los detallados.

En cuanto a reproducción por fecundación in vitro, la tasa de éxito máxima ronda el 60%, un valor que se va reduciendo hasta el 30% según la edad de la mujer avanza; lo mismo ocurre con los tratamientos de inseminación artificial, donde la edad influye negativamente en la tasa de éxito, pero la cual aumenta según se van realizando tratamientos; es decir, un primer tratamiento de IA tiene una tasa media de éxito de tan solo el 13%, si bien se alcanza un 35% cuando se realiza un tercer tratamiento.

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